miércoles, 23 de febrero de 2011

Entrevista de Spiegel a Heidegger. Fragmento

SPIEGEL: Vd. ve con toda claridad, y así lo ha expresado en su obra, un movimiento universal que conduce o ha conducido ya al Estado tecnológico absoluto.
HEIDEGGER: ¡Sí! Pero justamente el Estado técnico corresponde poquísimo al mundo y la sociedad determinados por la esencia de la técnica. Frente al poder de la técnica, el Estado técnico sería su más servil y ciego esbirro.
SPIEGEL: Bien. Pero ahora se plantea la cuestión: ¿puede el individuo influir aún en esa maraña de necesidades inevitables, o puede influir la filosofía, o ambos a la vez, en la medida en que la filosofía lleva a una determinada acción a uno o a muchos individuos?
HEIDEGGER: Con esta pregunta volvemos al comienzo de nuestra conversación. Si se me permite contestar de manera breve y tal vez un poco tosca, pero tras una larga reflexión: la filosofía no podrá operar ningún cambio inmediato en el actual estado de cosas del mundo. Esto vale no sólo para la filosofía, sino especialmente para todos los esfuerzos y afanes meramente humanos. Sólo un dios puede aún salvarnos. La única posibilidad de salvación la veo en que preparemos, con el pensamiento y la poesía, una disposición para la aparición del dios o para su ausencia en el ocaso; dicho toscamente, que no «estiremos la pata», sino que, si desaparecemos, que desaparezcamos ante el rostro del dios ausente.
SPIEGEL: ¿Hay una relación entre su pensamiento y la venida de ese dios? ¿Hay entre ellos, a su juicio, una relación causal? ¿Cree Vd. que podemos traer al dios con el pensamiento?
HEIDEGGER: No podemos traerlo con el pensamiento, lo más que podemos es preparar la disposición para esperarlo.
SPIEGEL: Pero, ¿podemos ayudar a ello?
HEIDEGGER: Preparar esa disposición sería la primera ayuda. El mundo no es lo que es y como es por el hombre, pero tampoco puede serlo sin él. Esto guarda relación, en mi opinión, con que lo que yo denomino «el ser» -usando una palabra que viene de muy antiguo, equívoca y hoy ya gastada- necesita del hombre, que el ser no es ser sin que el hombre le sea necesario para su manifestación, salvaguardia y configuración. La esencia de la técnica la veo en lo que denomino la «im-posición» (Ge-stell). Este nombre, malentendido con facilidad por los primeros oyentes, remite lo que dice, rectamente entendido, a la más íntima historia de la metafísica, que aún hoy determina nuestra existencia. El imperio de la «im-posición» significa: el hombre está colocado, requerido y provocado por un poder, que se manifiesta en la esencia de la técnica. Precisamente en la experiencia de que el hombre está colocado por algo, que no es él mismo y que no domina, se le muestra la posibilidad de comprender que el hombre es necesitado por el ser. En lo que constituye lo más propio de la técnica moderna se oculta justamente la posibilidad de experimentar el ser necesitado y el estar dispuesto para estas nuevas posibilidades. Ayudar a comprender esto: el pensamiento no puede hacer más. La filosofía ha llegado a su fin.
SPIEGEL: En otros tiempos -y no sólo en otros- se ha pensado que de todos modos la filosofía actúa indirectamente con frecuencia, directamente rara vez, pero que podría actuar indirectamente muchas veces, que ha ayudado a que irrumpan nuevas corrientes. Si se piensa, tan sólo entre los alemanes, en los grandes nombres de Kant, Hegel, hasta Nietzsche, por no mencionar a Marx, puede comprobarse cómo, mediante rodeos, la filosofía ha tenido un enorme efecto. ¿Cree Vd. que este efecto de la filosofía ha terminado? Y cuando Vd. dice que la filosofía ha muerto, que ya no existe, ¿se incluye en ello la idea de que este efecto de la filosofía, aunque alguna vez se dio, hoy ya no se da?
HEIDEGGER: Lo acabo de decir: mediante otro pensamiento es posible un efecto indirecto, pero ninguno directo, como si el pensamiento pudiera ser la causa de un cambio del estado de cosas del mundo.
SPIEGEL: Discúlpenos, no queremos filosofar, de lo que no somos capaces, pero estamos en el punto en que convergen política y filosofía, por lo cual le pedimos que nos perdone, si le arrastramos ahora a un diálogo sobre ello. Vd. ha dicho exactamente que la filosofía y el individuo no pueden hacer otra cosa que...
HEIDEGGER: ...ese preparar la disposición de mantenerse abiertos para la llegada o la ausencia del dios. La experiencia de esa ausencia no es algo negativo, sino una liberación para el hombre de lo que en Ser y Tiempo llamé la caída en el ente. A ese preparar la mencionada disposición pertenece la reflexión sobre lo que hoy hay.
SPIEGEL: Pero en realidad aún tendría que venir el famoso impulso exterior, un dios o lo que sea. Así pues, el pensamiento, por su cuenta y bastándose a sí mismo, ¿ya no puede hoy producir efectos? En otra época los produjo, en opinión de los que en ella vivían y, creo yo, en la nuestra.
HEIDEGGER: Pero no de forma directa.
SPIEGEL: Hemos nombrado ya a Kant, Hegel y Marx como grandes incitadores. Pero también de Leibniz han partido impulsos para el desarrollo de la física moderna y, con ello, para el surgimiento del mundo moderno. Creemos -lo ha dicho antes- que Vd. no cuenta ya hoy con tales efectos.
HEIDEGGER: En el sentido de la filosofía, ya no. El papel que la filosofía ha tenido hasta ahora lo han asumido hoy las ciencias. Para esclarecer suficientemente el «efecto» del pensamiento tendríamos que dilucidar más detenidamente qué significan aquí efecto y acción de producir. Sería necesario distinguir cuidadosamente entre ocasión, impulso, fomento, ayuda, impedimento y cooperación. Pero sólo lograremos la dimensión adecuada para estas distinciones cuando hayamos dilucidado suficientemente el principio de razón. La filosofía se disuelve en ciencias particulares: la psicología, la lógica, la politología.
SPIEGEL: ¿Y quién ocupa ahora el puesto de la filosofía?
HEIDEGGER: La cibernética.
SPIEGEL: ¿O la devoción, que se mantiene abierta?
HEIDEGGER: Pero eso ya no es filosofía.
SPIEGEL: ¿Qué es entonces?
HEIDEGGER: Yo lo llamo el otro pensar.
SPIEGEL: Vd. lo llama el otro pensar. ¿Podría formularlo un poco más claramente?
HEIDEGGER: ¿Ha pensado Vd. en la frase con la que acaba mi conferencia «La cuestión de la técnica»: «Preguntar es la devoción del pensamiento»?.
SPIEGEL: Hemos encontrado en el curso sobre Nietzsche una frase iluminadora. Dice Vd.: «Como en el pensamiento filosófico domina la más alta vinculación posible, por ello todos los grandes pensadores piensan lo mismo. Pero este “lo mismo” es tan fundamental y rico que nunca un individuo lo agota, sino que cada uno se vincula a los otros cada vez más rigurosamente». Sin embargo, precisamente este edificio filosófico parece, en su opinión, haber llegado a su fin.
HEIDEGGER: Ha llegado a su fin, pero no ha desaparecido, sino que se hace presente de nuevo en el diálogo. Todo mi trabajo en los cursos y seminarios de los últimos treinta años sólo ha sido, en lo fundamental, interpretación de la filosofía occidental. El retorno a las bases históricas del pensamiento, repensar las cuestiones todavía no cuestionadas desde la filosofía griega, no es disolver la tradición. Pero sí afirmo: el modo de pensar de la metafísica tradicional, que ha acabado con Nietzsche, no ofrece ya posibilidad alguna de experimentar con el pensamiento la era técnica que ahora comienza

Juicio en Nuremberg, 1961, Stanley Kramer


Con un reparto que incluyó a Spencer Tracy, Burt Lancaster, Richard Widmark, Marlene Dietrich, Maximilian Schell y Judy Garland, la película aborda el juicio a los magistrados que aplicaron la ley nazi durante el Tercer Reich.

En su primera intervención, la parte demandante (un oficial del ejército norteamericano) dice. “el juicio es inusual. Acusamos a estos hombres de cometer crímenes en nombre de la ley”.

El juicio a los militares y a quienes tenían mando en la época hitlerista había pasado; en esta etapa, se juzgaba la responsabilidad de cuatro jueces del aparato judicial nazi.

La defensa de los acusados aduce que todos los alemanes serían responsables, y aún lo serian gobiernos como el de la Unión Soviética, que había pactado con Hitler, y también el norteamericano y más en general el mundo entero tenía conocimiento de lo que ocurría en Alemania.

Los acusados, articulan sus defensas con base en cuatro respuestas:

-          la de quien esgrime razones políticas, o sea, quien estima que el régimen nazi defendió al sistema y a occidente contra el avance bolchevique;
-          la respuesta de quien se quiebra emocionalmente y no puede articular palabra alguna;
-          la del “buen juez”, el aplicador de la norma vigente (Friedrich Hochstetter);
-          la de quien reconoce el horror pero desde una perspectiva del “superhombre” alemán, que considera mediocres a sus pares (una visión Nietchziana).

Importa la defensa que de sí mismo hace Hochstetter:

“Actué según los más altos cánones de mi profesión.
Sacrifiqué mi concepto personal de justicia en obediencia a las autoridades institucionales. Hacer solo lo que dicta la ley sin cuestionar si eso era justicia.
Como juez no podía hacer otra cosa.
Creo que Uds. me encontrarán a mi así como a miles de alemanes que cumplieron con su país, inocente”

Al final, el juez Dan Hayward se encuentra empacando sus maletas en el hotel. Llega Rolf, el defensor de los acusados, que han sido condenados a prisión perpetua. Le dice que Janning (el juez mas capacitado, profesor universitario y hombre de prestigio que fue quien reconoció los horrores de su práctica pero sin arrepentimiento) quiere hablar con el y que pese al veredicto, “en cinco años estarán libres”.

“Su lógica no es tener la razón”, le responde Hayward.

literatura y derecho, fragmentos


Preguntas de un obrero frente a un libro

Tebas, la de las Siete Puertas, ¿ quién la construyò?
En los libros figuran los nombres de los reyes.
¿Arrastraron los reyes los grandes bloques de piedra?
Y Babilonia, destruida tantas veces,
¿quién la volvió a construir otras tantas? ¿En qué casas
de la dorada Lima vivían los obreros que la construyeron?
La noche en que fue terminada la Muralla china,
¿adónde fueron los albañiles? Roma la Grande
Está llena de arcos de triunfo. ¿ Quién los erigió?
¿Sobre quiénes triunfaron los Césares? Bizancio, tan
cantada,
¿tenía sólo palacios para sus habitantes? Hasta en la fabulosa
Atlántida,
la noche en que el mar de la tragaba, los habitantes clamaban
pidiendo ayuda a sus esclavos.
El joven Alejandro conquistó la India
¿Él sólo?
César venció a los galos.
¿No llevaba consigo ni siquiera un cocinero?
Felipe II lloró al hundirse
su flota. ¿ No lloró nadie más?
Federico II venció la Guerra de los Siete Años.
¿Quién la venció, además?
Una victoria en cada página.
¿Quién cocinaba los banquetes de la victoria?
Un gran  hombre cada diez años.
Quién pagaba sus gastos?

Una pregunta para cada historia

Bertold Brecht
Poemas y canciones



Construcción

Amó aquella vez como si fuese última,
besó a su mujer como si fuese última,
y a cada hijo suyo cual si fuese el único,
y atravesó la calle con su paso tímido.
Subió a la construcción como si fuese máquina,
alzó en el balcón cuatro paredes sólidas,
ladrillo con ladrillo en un diseño mágico,
sus ojos embotados de cemento y lágrima.
Sentóse a descansar como si fuese sábado,
comió su pobre arroz como si fuese un príncipe,
bebió y sollozó como si fuese un náufrago,
danzó y se rió como si oyese música
y tropezó en el cielo con su paso alcohólico.
Y flotó por el aire cual si fuese un pájaro,
y terminó en el suelo como un bulto fláccido,
y agonizó en el medio del paseo público.
Murió a contramano entorpeciendo el tránsito.

Amó aquella vez como si fuese el último,
besó a su mujer como si fuese única,
y a cada hijo suyo cual si fuese el pródigo,
y atravesó la calle con su paso alcohólico.
Subió a la construcción como si fuese sólida,
alzó en el balcón cuatro paredes mágicas,
ladrillo con ladrillo en un diseño lógico,
sus ojos embotados de cemento y tránsito.
Sentóse a descansar como si fuese un príncipe,
comió su pobre arroz como si fuese el máximo,
bebió y sollozó como si fuese máquina,
danzó y se rió como si fuese el próximo
y tropezó en el cielo cual si oyese música.
Y flotó por el aire cual si fuese sábado,
y terminó en el suelo como un bulto tímido,
agonizó en el medio del paseo náufrago.
Murió a contramano entorpeciendo el público.

Amó aquella vez como si fuese máquina,
besó a su mujer como si fuese lógico,
alzó en el balcón cuatro paredes fláccidas,
Sentóse a descansar como si fuese un pájaro,
Y flotó en el aire cual si fuese un príncipe,
Y terminó en el suelo como un bulto alcohólico.
Murió  a contramano entorpeciendo el sábado.

Chico Buarque



Ante la Ley

Ante las puertas de la ley hay un guardián.
Un campesino se llega hasta este guardián y le pide le permita entrar en la ley, pero el guardián le dice que por ahora no se lo puede permitir.
El hombre reflexiona y entonces  pregunta si podría entrar después.
-          Es posible – dice el guardián -; pero no ahora.
La puerta de entrada a la ley está abierta como siempre. El guardián se hace a un lado. El hombre se agacha para mirar hacia adentro. Cuando el guardián lo advierte se ríe y dice:
-          Si tanto te atrae intenta entrar a pesar de mi prohibición. Soy poderoso, y soy solamente el último de los guardianes, pero ante la puerta de cada una de las sucesivas salas hay guardianes siempre más poderosos; yo mismo no puedo soportar la vista del tercer guardián.
El campesino no había previsto semejantes dificultades; pensaba que la ley debía ser siempre asequible para todos; pero al contemplar ahora más detenidamente al guardián, enfundado en su abrigo de pieles, su enorme nariz respingada, su barba tártara, rala, larga y negra, opta por esperar hasta que se le otorgue el permiso para entrar.
El guardián le da un banquito y le permite sentarse al lado de la puerta. Allí el hombre se queda sentado días y años. Se esfuerza de distintas maneras en conseguir que se lo deje entrar y fatiga con sus súplicas al guardián; éste le hace a veces pequeños interrogatorios; le hace preguntas sobre su país y sobre muchas otras cosas; pero son preguntas indiferentes como las que suelen hacer los grandes señores, y al final siempre le dice que todavía no lo puede dejar entrar. El hombre, que se ha venido bien pertrechado para el viaje, lo emplea todo, por más valioso que sea, en sus intentos de sobornar al guardián. Éste acepta todo, es verdad, pero diciéndole siempre:
-          Lo acepto solamente para que no pienses haber omitido algún esfuerzo.
Durante los muchos años que fueron pasando, el hombre estuvo mirando casi ininterrumpidamente al guardián. Se olvidó de los otros guardianes, y éste le parecía el único obstáculo para entrar en la ley. Maldice la mala suerte, los primeros años en forma desconsiderada y voz alta; después, a medida que va envejeciendo, sólo emite unos leves murmullos. Cae en infantilismo, y como en la atención que durante años ha dedicado al guardián ha llegado a distinguir hasta los piojos que tiene en su cuello de piel, también pide a los piojos que lo ayuden y persuadan al guardián. Finalmente empieza a perder la vista y no sabe sir realmente se está poniendo más oscuro a su alrededor o es solamente que sus ojos lo engañan. Pero ahora distingue por cierto un resplandor que, inextinguible, sale por la puerta de la ley. Cercana ya su muerte, reúne mentalmente todas las experiencias que ha recogido durante too este tiempo en una pregunta que hasta ahora no había hecho al guardián; le hace señas de que se acerque ya que no puede enderezar más su cuerpo que se está paralizando. El guardián tiene que agacharse mucho ante él, ya que la diferencia de sus estaturas se ha pronunciado mucho en desmedro del hombre.
-          ¿Qué más quieres saber todavía? – pregunta el guardián -. Eres insaciable.
-          Todos tienden a la ley – dijo el hombre -, ¿Cómo es que durante tantos años nadie excepto yo ha pedido que se lo deje entrar?
El guardián se da cuenta de que el fin del hombre está cerca, y, para hacerse entender por esos oídos que ya casi no funcionan, se le acerca y le ruge:
- A nadie se le habría permitido el acceso por aquí, porque esta entrada estaba destinada exclusivamente para ti. Ahora voy y la cierro

Franz Kafka

Cosas de uno
Yo digo ¿no?
esta mano
que escribe mil doscientos
y transporte
y Enero
y saldo en caja
que balancea el secante
y da vuelta la hoja
esta mano crispada en el apuro
porque se viene el plazo
y no hay tu tía
que suma cifras de otros
cheques de otros
que verdaderamente pertenece a otros
yo digo ¿no?
esta mano
¿qué carajo
tiene que ver conmigo?
Mario Benedetti
Poemas de la oficina



Cualquier cosa que Eichmann hiciera la hacía, al menos así lo creía, en su condición de ciudadano fiel cumplidor de la ley. Tal como dijo una y otra vez a la policía y al tribunal, él cumplía con su deber, no solo obedecía órdenes, sino que también obedecía la ley

Hannah Arendt
Eichmann en Jerusalén



Todo aquel año, los animales trabajaron como esclavos. Pero eran felices en su tarea;  no escatimaron esfuerzo o sacrificio pues bien sabían que todo lo que ellos hacían era para su propio beneficio y para los de su misma especie que vendrían después, y no para unos cuantos seres humanos rapaces y haraganes.

Durante toda la primavera y el verano trabajaron sesenta horas por semana y en agosto Napoleón anunció que también tendrían que trabajar los domingos por la tarde. Ese trabajo era estrictamente voluntario, pero el animal que no concurriera veria reducida su ración a la mitad.

George Orwell
Rebelión en la Granja

García Márquez: discurso de aceptación del Premio Nóbel, 1982

La soledad de América Latina
Gabriel García Márquez


Antonio Pigafetta, un navegante florentino que acompañó a Magallanes en el primer viaje alrededor del mundo, escribió a su paso por nuestra América meridional una crónica rigurosa que sin embargo parece una aventura de la imaginación. Contó que había visto cerdos con el ombligo en el lomo, y unos pájaros sin patas cuyas hembras empollaban en las espaldas del macho, y otros como alcatraces sin lengua cuyos picos parecían una cuchara. Contó que había visto un engendro animal con cabeza y orejas de mula, cuerpo de camello, patas de ciervo y relincho de caballo. Contó que al primer nativo que encontraron en la Patagonia le pusieron enfrente un espejo, y que aquel gigante enardecido perdió el uso de la razón por el pavor de su propia imagen.
Este libro breve y fascinante, en el cual ya se vislumbran los gérmenes de nuestras novelas de hoy, no es ni mucho menos el testimonios más asombroso de nuestra realidad de aquellos tiempos. Los Cronistas de Indias nos legaron otros incontables. Eldorado, nuestro país ilusorio tan codiciado, figuró en mapas numerosos durante largos años, cambiando de lugar y de forma según la fantasía de los cartógrafos. En busca de la fuente de la Eterna Juventud, el mítico Alvar Núñez Cabeza de Vaca exploró durante ocho años el norte de México, en una expedición venática cuyos miembros se comieron unos a otros y sólo llegaron cinco de los 600 que la emprendieron. Uno de los tantos misterios que nunca fueron descifrados, es el de las once mil mulas cargadas con cien libras de oro cada una, que un día salieron del Cuzco para pagar el rescate de Atahualpa y nunca llegaron a su destino. Más tarde, durante la colonia, se vendían en Cartagena de Indias unas gallinas criadas en tierras de aluvión, en cuyas mollejas se encontraban piedrecitas de oro. Este delirio áureo de nuestros fundadores nos persiguió hasta hace poco tiempo. Apenas en el siglo pasado la misión alemana de estudiar la construcción de un ferrocarril interoceánico en el istmo de Panamá, concluyó que el proyecto era viable con la condición de que los rieles no se hicieran de hierro, que era un metal escaso en la región, sino que se hicieran de oro.
La independencia del dominio español no nos puso a salvo de la demencia. El general Antonio López de Santana, que fue tres veces dictador de México, hizo enterrar con funerales magníficos la pierna derecha que había perdido en la llamada Guerra de los Pasteles. El general García Moreno gobernó al Ecuador durante 16 años como un monarca absoluto, y su cadáver fue velado con su uniforme de gala y su coraza de condecoraciones sentado en la silla presidencial. El general Maximiliano Hernández Martínez, el déspota teósofo de El Salvador que hizo exterminar en una matanza bárbara a 30 mil campesinos, había inventado un péndulo para averiguar si los alimentos estaban envenenados, e hizo cubrir con papel rojo el alumbrado público para combatir una epidemia de escarlatina. El monumento al general Francisco Morazán, erigido en la plaza mayor de Tegucigalpa, es en realidad una estatua del mariscal Ney comprada en París en un depósito de esculturas usadas.

Hace once años, uno de los poetas insignes de nuestro tiempo, el chileno Pablo Neruda, iluminó este ámbito con su palabra. En las buenas conciencias de Europa, y a veces también en las malas, han irrumpido desde entonces con más ímpetus que nunca las noticias fantasmales de la América Latina, esa patria inmensa de hombres alucinados y mujeres históricas, cuya terquedad sin fin se confunde con la leyenda. No hemos tenido un instante de sosiego. Un presidente prometeico atrincherado en su palacio en llamas murió peleando solo contra todo un ejército, y dos desastres aéreos sospechosos y nunca esclarecidos segaron la vida de otro de corazón generoso, y la de un militar demócrata que había restaurado la dignidad de su pueblo. En este lapso ha habido 5 guerras y 17 golpes de estado, y surgió un dictador luciferino que en el nombre de Dios lleva a cabo el primer etnocidio de América Latina en nuestro tiempo. Mientras tanto 20 millones de niños latinoamericanos morían antes de cumplir dos años, que son más de cuantos han nacido en Europa occidental desde 1970. Los desaparecidos por motivos de la represión son casi los 120 mil, que es como si hoy no se supiera dónde están todos los habitantes de la ciudad de Upsala. Numerosas mujeres arrestadas encintas dieron a luz en cárceles argentinas, pero aún se ignora el paradero y la identidad de sus hijos, que fueron dados en adopción clandestina o internados en orfanatos por las autoridades militares. Por no querer que las cosas siguieran así han muerto cerca de 200 mil mujeres y hombres en todo el continente, y más de 100 mil perecieron en tres pequeños y voluntariosos países de la América Central, Nicaragua, El Salvador y Guatemala. Si esto fuera en los Estados Unidos, la cifra proporcional sería de un millón 600 mil muertes violentas en cuatro años.
De Chile, país de tradiciones hospitalarias, ha huido un millón de personas: el 10 por ciento de su población. El Uruguay, una nación minúscula de dos y medio millones de habitantes que se consideraba como el país más civilizado del continente, ha perdido en el destierro a uno de cada cinco ciudadanos. La guerra civil en El Salvador ha causado desde 1979 casi un refugiado cada 20 minutos. El país que se pudiera hacer con todos los exiliados y emigrados forzosos de América latina, tendría una población más numerosa que Noruega.
Me atrevo a pensar que es esta realidad descomunal, y no sólo su expresión literaria, la que este año ha merecido la atención de la Academia Sueca de la Letras. Una realidad que no es la del papel, sino que vive con nosotros y determina cada instante de nuestras incontables muertes cotidianas, y que sustenta un manantial de creación insaciable, pleno de desdicha y de belleza, del cual éste colombiano errante y nostálgico no es más que una cifra más señalada por la suerte. Poetas y mendigos, músicos y profetas, guerreros y malandrines, todas las criaturas de aquella realidad desaforada hemos tenido que pedirle muy poco a la imaginación, porque el desafío mayor para nosotros ha sido la insuficiencia de los recursos convencionales para hacer creíble nuestra vida. Este es, amigos, el nudo de nuestra soledad.
Pues si estas dificultades nos entorpecen a nosotros, que somos de su esencia, no es difícil entender que los talentos racionales de este lado del mundo, extasiados en la contemplación de sus propias culturas, se hayan quedado sin un método válido para interpretarnos. Es comprensible que insistan en medirnos con la misma vara con que se miden a sí mismos, sin recordar que los estragos de la vida no son iguales para todos, y que la búsqueda de la identidad propia es tan ardua y sangrienta para nosotros como lo fue para ellos. La interpretación de nuestra realidad con esquemas ajenos sólo contribuye a hacernos cada vez más desconocidos, cada vez menos libres, cada vez más solitarios. Tal vez la Europa venerable sería más comprensiva si tratara de vernos en su propio pasado. Si recordara que Londres necesitó 300 años para construir su primera muralla y otros 300 para tener un obispo, que Roma se debatió en las tinieblas de incertidumbre durante 20 siglos antes de que un rey etrusco la implantara en la historia, y que aún en el siglo XVI los pacíficos suizos de hoy, que nos deleitan con sus quesos mansos y sus relojes impávidos, ensangrentaron a Europa con soldados de fortuna. Aún en el apogeo del Renacimiento, 12 mil lansquenetes a sueldo de los ejércitos imperiales saquearon y devastaron a Roma, y pasaron a cuchillo a ocho mil de sus habitantes.
No pretendo encarnar las ilusiones de Tonio Kröger, cuyos sueños de unión entre un norte casto y un sur apasionado exaltaba Thomas Mann hace 53 años en este lugar. Pero creo que los europeos de espíritu clarificador, los que luchan también aquí por una patria grande más humana y más justa, podrían ayudarnos mejor si revisaran a fondo su manera de vernos. La solidaridad con nuestros sueños no nos haría sentir menos solos, mientras no se concrete con actos de respaldo legítimo a los pueblos que asuman la ilusión de tener una vida propia en el reparto del mundo.
América Latina no quiere ni tiene por qué ser un alfil sin albedrío, ni tiene nada de quimérico que sus designios de independencia y originalidad se conviertan en una aspiración occidental.
No obstante, los progresos de la navegación que han reducido tantas distancias entre nuestras Américas y Europa, parecen haber aumentado en cambio nuestra distancia cultural. ¿Por qué la originalidad que se nos admite sin reservas en la literatura se nos niega con toda clase de suspicacias en nuestras tentativas tan difíciles de cambio social? ¿Por qué pensar que la justicia social que los europeos de avanzada tratan de imponer en sus países no puede ser también un objetivo latinoamericano con métodos distintos en condiciones diferentes? No: la violencia y el dolor desmesurados de nuestra historia son el resultado de injusticias seculares y amarguras sin cuento, y no una confabulación urdida a 3 mil leguas de nuestra casa. Pero muchos dirigentes y pensadores europeos lo han creído, con el infantilismo de los abuelos que olvidaron las locuras fructíferas de su juventud, como si no fuera posible otro destino que vivir a merced de los dos grandes dueños del mundo. Este es, amigos, el tamaño de nuestra soledad.
Sin embargo, frente a la opresión, el saqueo y el abandono, nuestra respuesta es la vida. Ni los diluvios ni las pestes, ni las hambrunas ni los cataclismos, ni siquiera las guerras eternas a través de los siglos y los siglos han conseguido reducir la ventaja tenaz de la vida sobre la muerte. Una ventaja que aumenta y se acelera: cada año hay 74 millones más de nacimientos que de defunciones, una cantidad de vivos nuevos como para aumentar siete veces cada año la población de Nueva York. La mayoría de ellos nacen en los países con menos recursos, y entre éstos, por supuesto, los de América Latina. En cambio, los países más prósperos han logrado acumular suficiente poder de destrucción como para aniquilar cien veces no sólo a todos los seres humanos que han existido hasta hoy, sino la totalidad de los seres vivos que han pasado por este planeta de infortunios.
Un día como el de hoy, mi maestro William Faullkner dijo en este lugar: "Me niego a admitir el fin del hombre". No me sentiría digno de ocupar este sitio que fue suyo si no tuviera la conciencia plena de que por primera vez desde los orígenes de la humanidad, el desastre colosal que él se negaba a admitir hace 32 años es ahora nada más que una simple posibilidad científica. Ante esta realidad sobrecogedora que a través de todo el tiempo humano debió de parecer una utopía, los inventores de fábulas que todo lo creemos, nos sentimos con el derecho de creer que todavía no es demasiado tarde para emprender la creación de la utopía contraria. Una nueva y arrasadora utopía de la vida, donde nadie pueda decidir por otros hasta la forma de morir, donde de veras sea cierto el amor y sea posible la felicidad, y donde las estirpes condenadas a cien años de soledad tengan por fin y para siempre una segunda oportunidad sobre la tierra.
Agradezco a la Academia de Letras de Suecia el que me haya distinguido con un premio que me coloca junto a muchos de quienes orientaron y enriquecieron mis años de lector y de cotidiano celebrante de ese delirio sin apelación que es el oficio de escribir. Sus nombres y sus obras se me presentan hoy como sombras tutelares, pero también como el compromiso, a menudo agobiante, que se adquiere con este honor. Un duro honor que en ellos me pareció de simple justicia, pero que en mí entiendo como una más de esas lecciones con las que suele sorprendernos el destino, y que hacen más evidente nuestra condición de juguetes de un azar indescifrable, cuya única y desoladora recompensa, suelen ser, la mayoría de las veces, la incomprensión y el olvido.
Es por ello apenas natural que me interrogara, allá en ese trasfondo secreto en donde solemos trasegar con las verdades más esenciales que conforman nuestra identidad, cuál ha sido el sustento constante de mi obra, qué pudo haber llamado la atención de una manera tan comprometedora a este tribunal de árbitros tan severos. Confieso sin falsas modestias que no me ha sido fácil encontrar la razón, pero quiero creer que ha sido la misma que yo hubiera deseado. Quiero creer, amigos, que este es, una vez más, un homenaje que se rinde a la poesía. A la poesía por cuya virtud el inventario abrumador de las naves que numeró en su Iliada el viejo Homero está visitado por un viento que las empuja a navegar con su presteza intemporal y alucinada. La poesía que sostiene, en el delgado andamiaje de los tercetos del Dante, toda la fábrica densa y colosal de la Edad Media. La poesía que con tan milagrosa totalidad rescata a nuestra América en las Alturas de Machu Pichu de Pablo Neruda el grande, el más grande, y donde destilan su tristeza milenaria nuestros mejores sueños sin salida. La poesía, en fin, esa energía secreta de la vida cotidiana, que cuece los garbanzos en la cocina, y contagia el amor y repite las imágenes en los espejos.
En cada línea que escribo trato siempre, con mayor o menor fortuna, de invocar los espíritus esquivos de la poesía, y trato de dejar en cada palabra el testimonio de mi devoción por sus virtudes de adivinación, y por su permanente victoria contra los sordos poderes de la muerte. El premio que acabo de recibir lo entiendo, con toda humildad, como la consoladora revelación de que mi intento no ha sido en vano. Es por eso que invito a todos ustedes a brindar por lo que un gran poeta de nuestras Américas, Luis Cardoza y Aragón, ha definido como la única prueba concreta de la existencia del hombre: la poesía. Muchas gracias.

El Oficio de Profesor. Entrevista a Héctor - Hugo Barbagelata



El Oficio de Profesor en el escenario del mundo del trabajo. Entrevista a Héctor – Hugo Barbagelata


Hugo Barretto Ghione
(publicada en Revista Derecho Social Latinoamérica, núm. 1)


Presentar al Profesor Héctor- Hugo Barbagelata (1923) puede resultar una tarea tan obvia como inabarcable. Desde el punto de vista de su actividad académica, es Barbagelata – Doctor en Economía y Legislación Obrera en La Sorbone, co fundador de la revista Derecho Laboral en 1948  - uno de los pilares de la llamada escuela laboralista uruguaya,  que lo reconoce como uno de sus maestros, y a la que ha contribuido con una destacadísima obra desplegada en libros y artículos en revistas especializadas, ejerciendo un perdurable (y generoso)  magisterio entre las generaciones mas jóvenes, fundamentalmente a partir de su recordada cátedra  sobre “evolución del pensamiento juslaboralista” en el postgrado de la Facultad de Derecho, convertida en una inédita y erudita revista de la  historia de las ideas del derecho social.   De profunda y amena modalidad expositiva (alguna de sus claves se explicitan  en esta entrevista), la multiplicidad de sus intereses intelectuales en diversos campos de las humanidades lo vinculan a la llamada “generación crítica” o del 45, que dio otros notables intelectuales y ensayistas uruguayos. Ejerció el  periodismo y la actividad teatral, fue sub Secretario del Ministerio de Trabajo y asesor sindical, y cuando la dictadura militar hubo de proscribirlo (antes de ello, el mismo Barbagelata había optado por resistir retirándose de la Universidad intervenida), desarrolló una innovadora tarea como consultor en Cinterfor/OIT y fue además profesor visitante de la Universidad de Lovaina en 1978.


1. Hay una visión sobre el derecho del trabajo que sostiene que  ya se cuenta con suficiente legislación  y que  no es necesario continuar profundizando la labor normativa. Es la posición del grupo de los empleadores en la OIT, por ejemplo. Mirando las nuevas formas de trabajar y de organizar el trabajo ¿ piensa que existe la necesidad de seguir avanzando en este terreno? ¿cuáles serían los nuevos temas a encarar para su regulación?

R: En realidad son muchos los que no sólo se resisten a avanzar o que no  dejan que se avance en la protección laboral, porque  lo que en realidad quieren, como Hayek, es hacer girar para atrás las manecillas del reloj. Eso induce a  prestar especial atención a  la situación en que actualmente se encuentra la legislación del trabajo,  para evitar  que bajo cualquier ropaje pueda esconderse un retroceso. En puridad la intervención de la ley para dar una respuesta diferente a la tradicional sobre la cuestión social sólo  se aceptó a regañadientes en buen número de países y al  neoliberalismo no le costó demasiado trabajo culpar a la legislación laboral  y de previsión  social  del subdesarrollo, de la inflación, de la huida de los capitales, de la baja productividad, del desempleo, de la carestía de la vida, de la falta de competitividad, de la pobreza, de la trampa que esconde la pretendida protección, etc.  Nadie ha podido probar esas acusaciones, más aún, la experiencia ha mostrado reiteradamente que las referidas y otras acusaciones carecen de toda consistencia. Para muestra basta  recordar lo que se dijo y lo que pasó cuando, hace pocos meses, se tomó por el gobierno uruguayo la decisión de convocar nuevamente a los Consejos de Salarios-  Contra los pronósticos neoliberales  los salarios reales se elevaron, sin que aumentara el desempleo, sino al contrario y tampoco hubo un empuje de inflación; los inversores no se inquietaron, al punto que  las inversiones productivas están creciendo, etc.  En suma, una vez más ha quedado probado que no existen motivos  reales para que los laboralistas se rindan y  eso quiere decir no sólo que deben estar atentos para  oponerse a las llamadas “reformas” que afectan  la protección laboral, sin ninguna ventaja  para la economía, sino que deben perseguir nuevos objetivos. Entre ellos,  es imprescindible  que se preste  atención  a las nuevas formas de trabajo y a las nuevas formas de contratar la fuerza de trabajo, de modo  que ningún trabajador quede  desprotegido y  que  siga expandiéndose y perfeccionándose  la protección ya existente  para todas  las actividades laborales, sin ninguna excepción. Asimismo, se impone la  puesta en plena aplicación del  plan  de  acción  contenido en el  bloque de constitucionalidad de los derechos humanos laborales, que  con el auxilio de los Tribunales en muchos puntos  puede alcanzar aplicación directa,  pero que en otros, requiere el soporte de  estructuras administrativas y/o  de leyes que lo pongan progresivamente en plena ejecución. Obviamente, todo ello implica  el perfeccionamiento de los medios de contralor del cumplimiento de las normas laborales y de previsión social, tanto en las tareas de promoción e inspección, como en los procedimientos y la actuación de la Justicia del Trabajo.

2. La reciente Recomendación de la OIT sobre la relación de trabajo retorna con fuerza a la idea del trabajo como hecho y la ejecución de las tareas como elemento central para dirimir la existencia de una relación de trabajo. ¿Es este un eco lejano de los aportes de la doctrina clásica latinoamericana sobre la relación de trabajo?  ¿ Cuál  es el lugar que Ud. asigna a la voluntad de las partes en la relación de trabajo luego de muchos años de vendaval liberal en ese sentido?

R.: No tengo dudas de que para la inmensa mayoría de los trabajadores, la relación de poder entre el que aspira a trabajar y quien puede darle una ocupación, no ha variado a lo largo de la historia del derecho laboral, aunque   la protección de la ley y  la acción sindical,  cuando son efectivas, tiendan a limitar los abusos.  En cualquier caso, el margen que podría quedar  para  la expresión libre de la voluntad del trabajador  sólo puede considerarse significativo  y no ser  una burla  de la protección  debida, en las categorías profesionales más elevadas y mejor retribuidas, o sea en aquel reducidísimo número de  casos en los que  por la alta o rara cualificación y por la independencia económica de que gozan sus titulares, los trabajadores pueden tratar  al empleador de igual a igual.    En cuanto a la primera  cuestión  a que se refiere la pregunta, convengo en que si bien la doctrina relacionista no es autóctona de nuestra región, como lo reconocía Mario de la Cueva, que fue uno de sus principales difusores,  alcanzó en América Latina un desarrollo y una audiencia  muy superior a la que tuvo en Europa, generando un debate  de mucha intensidad  y riqueza.  Por otra parte, son numerosas las codificaciones   laborales que consagraron la doctrina relacionista, como la LFT mexicana, o  la CLT de Brasil,, y más adelante   la LCT de Argentina, el Código de  Trabajo de Panamá, la LOT de Venezuela, etc.  Sobre ese particular, recuerdo la satisfacción de De la Cueva,  cuando  esa doctrina fue acogida  por la LCT de Argentina, siguiendo la posición   sustentada por la jurisprudencia de ese  país.


3. En una entrevista, Ud. ha calificado al criterio de la subordinación jurídica como una “exquisita tautología”. ¿ Cuál sería a su juicio el criterio mas ajustado a efectos de determinar la existencia de una relación de trabajo?

R.: La relación de trabajo abarca o debe  abarcar todos los casos de prestación  de  trabajo para otro, cualquiera que sea éste y sin ninguna distinción, configurando  un hecho que tiende a ser  encuadrado por el derecho y que desde el momento  que eso ocurre, inevitablemente tiene consecuencias  jurídicas, además de las de otra clase. El marco jurídico de la relación no tiene necesariamente que ser el mismo para todos los casos, con tal que las diferencias en el tratamiento estén justificadas y que se  garanticen plenamente  los derechos fundamentales.

4.  ¿Que importancia le asigna a los estudios de postgrado en la disciplina del derecho del trabajo? ¿Comparte la opinión de John Searle cuando dice que “lo mas importante que un profesor puede hacer es transmitir un estilo de pensamiento y un modo de sensibilidad”?

R.: En los tiempos que corren creo que no es concebible una Universidad  que no ofrezca estudios de postgrado en todas las disciplinas y desde luego  en Derecho del Trabajo y de la Seguridad Social. Para eso trabajé con mucho entusiasmo cuando dirigía el Instituto correspondiente de la Facultad de Derecho de la Universidad de la República.  Las modalidades pueden ser diversas, lo importante es que se asegure a todos los interesados una formación permanente, incluso es una responsabilidad de las Universidades generar la convicción de la necesidad de continuar la formación durante toda la vida. En cuanto al final de la pregunta, no estoy seguro de interpretar correctamente lo que quiere decir el autor citado. En lo que a mi respecta,  siempre he considerado que  lo que un profesor no puede olvidar es que  quienes asisten a sus clases están  haciendo entrega de la sustancia de sus vidas, esto es de su libertad  y del tiempo  de cada uno, que podría emplearse de otra manera y que en cada instante se agota definitivamente.  Por tanto, lo principal que tengo presente es que el profesor no tiene derecho a frustrar  las legítimas expectativas  de quienes  le entregan su tiempo, lo cual  por su parte  está exigiéndole una entrega total a este ministerio. 

5.  Ud. es un estudioso de la evolución del pensamiento juslaboralista, que es justamente el título de su curso en el postgrado de la Facultad de Derecho de la Universidad de la República en Uruguay. ¿ Cuáles  son – en grandes trazos - las líneas de desarrollo teórico en derecho laboral  que considera de mayor importancia en la actualidad?

R: La evolución del pensamiento juslaboralista ha llegado al punto en que  cada vez somos más  los que tenemos  claro que el Derecho del Trabajo integra  el sistema de los Derecho Humanos a todos sus efectos .  Por eso hoy puede afirmarse que el reconocimiento   de la integración de todos los derechos  laborales en el  bloque de constitucionalidad, sin ninguna reserva y  con todas sus consecuencias  ya ha comenzado a universalizarse. 


6.                   En una conferencia de 1979, en la cual se interroga si han progresado los estudios y la escritura de la historia, Eric Hobsbawn termina con un sorprendente remate: “cuando recuerdo mis más de treinta años dedicados a investigar, enseñar y escribir espero que pueda decirse que también yo estoy haciendo una pequeña aportación. Pero aunque no sea así, aunque se niegue que puedan hacerse progresos, nadie puede negar que me estoy divirtiendo muchísimo”.  ¿Cuál es el lugar que Ud. asigna a estos aspectos en su labor académica?

R.: La expresión de   Hobsbawn, me da una convincente  explicación  de las condiciones que han hecho posible  la escritura de libros  de historia que se leen  con provecho, sintiendo que  se nos está explicando lo que pasó ayer, desde la perspectiva del presente en que estamos comprometidos. Por eso se consultan    con gusto y  si se me permite decirlo, el lector  siente  que  se trata de libros  que trasuntan  alegría creadora.  Por mi parte,  la redacción  de  trabajos así como  la preparación de las clases  me han exigido  siempre un esfuerzo  muy grande. De hecho cuando  llego a terminar un libro, lo  que siento más fuerte es  algo así como una liberación.  En cambio,  cuando desarrollo una clase  si los estudiantes me ayudan, también me divierto muchísimo.

7.  Ud.  formó parte del movimiento de teatro independiente en el Uruguay como director, actor y fue además sucesor de Margarita Xirgu  en la dirección de la Escuela Municipal de Arte Dramático. ¿Existe algún nexo entre su labor de investigador y docente con su vocación teatral? Recuerdo, por ejemplo, un artículo suyo sobre los “actores” que se sitúan en el “escenario” de las relaciones laborales.

R.: Por muchos años tuve algo así como una doble vida,   que dividía entre  el teatro y el Derecho del Trabajo y guardo un recuerdo gratísimo  de esa etapa, no obstante el esfuerzo, más allá de toda medida, que me exigía.  En particular, me complace la referencia que contiene la pregunta al teatro independiente, que fue una de las aventuras culturales más significativas del  Uruguay, a mediados del siglo XX, en la que me enorgullece  haber participado.    Es indudable que  hubo muchas causas que se combinaron para obligarme a abandonar la partida, pero hoy me resulta bastante claro  que ese tipo de doble vida, tenía tan grandes exigencias  físicas e intelectuales que sólo podían  compatibilizarse  mientras  se gozaba de  la plenitud de las fuerzas.  En cuanto a nexos entre el teatro y las actividades que seguí realizando, no me parece difícil  encontrar puntos de contacto.  Así, me resulta lógico que la terminología del teatro, que es de uso  en el lenguaje corriente y en el de las ciencias sociales, me tiente permanentemente a  darle un mayor desarrollo al enfrentar las realidades del gran teatro del mundo del trabajo. En cuanto a la actividad como profesor, se trata de un oficio  análogo al del actor, especialmente si uno piensa en la commedia dell’arte,   esto es, en ese género teatral en que se improvisa, a partir de algunas pautas  que configuran el  cañamazo.  Y ¿qué otra cosa hace el profesor a partir del esquema que lleva  escrito y consulta en la clase o que tiene  grabado en la memoria?  Además,-y es otra  clara similitud  entre ambas profesiones-, todos los profesores saben que  para dar una buena   lección,  hay que contar  no sólo con la calidad y cantidad de recursos que se obtienen con una  adecuada  preparación, sino también con la buena disposición del público, en nuestro caso, con la atención y la voluntad de seguirnos de los estudiantes.  Louis Jouvet  que fue uno de  los más brillantes e inteligentes actores del siglo pasado,  en una especie  de autobiografía, comenzaba la descripción de las profesión del actor, dejando establecido que  se trataba de  “un oficio físico”, en el que la condición física  y mental del  ejecutante  en cada función, tienen una influencia decisiva (El escritor, incluso el de temas jurídicos, si no se siente en plenitud,  apaga la computadora y se ocupa de otra cosa. El profesor y el actor saben que la función tiene que continuar).  Por eso también,  todas las funciones  son diferentes, en realidad únicas, como lo son cada una de las clases, aunque el tema tratado sea el mismo.  Otro rasgo en común es la instantaneidad y lo efímero de la actuación del actor y del profesor.  Esta función, ese acto, esa parte,  que hoy  marchó muy bien, o esta clase que  gustó al profesor y que el auditorio sintió que lo enriquecía, no dejan más que un  leve rastro que tiende a desvanecerse  muy  rápidamente. La suma de esos rastros puede que  adquiera la calidad de “buen recuerdo” en algunos integrantes del público  y eso  es lo más a  lo que  actores y profesores pueden aspirar, aunque unos y otros saben, sabemos, que como dice un personaje de Tennesee Williams la eternidad es una palabra muy larga, que no tiene nada que ver con los actores  y los profesores.


8. Su actividad ha estado vinculada fundamentalmente al estudio del derecho del trabajo,  pero también tuvo actividad profesional como asesor de sindicatos y responsabilidades a nivel gubernamental en el Ministerio de Trabajo. ¿Se trata del desarrollo de una misma línea de trabajo o los diversos ámbitos  tienen sus propias lógicas y eventuales  contradicciones.

R. – Es verdad que esos diversos menesteres llevan  al sujeto en cuestión,   a ver  las realidades desde  distintos  puntos de vista , pues  es algo  sabido  cuan  diferente es  exponer un tema  en la Universidad,  asesorar a ese respecto  o  llevar adelante  una línea política.  Por mi parte,  en todos los casos  me esforcé en mantener coherencia entre los dichos y las acciones emprendidas, incluso para determinar cuando  era el momento de dar por terminada una etapa y para  advertir las incompatibilidades y reconocer la sabiduría  sanchopancesca del  refrán que nos dice que no se puede repicar y andar en la procesión.

lunes, 7 de febrero de 2011

Revista Derecho Social Latinoamerica


Revista Derecho Social Latinoamerica: Antonio Baylos y Oscar Ermida Uriarte (Directores), Guillermo Gianibelli, Hugo Barretto y Joaquín Aparicio (Secretarios de Redacción)

martes, 1 de febrero de 2011

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