viernes, 28 de enero de 2011

Modos de Leer a Barbagelata
(a propósito de la publicación del Curso la Evolución del Pensamiento Juslaboralista)


Era el libro más leído a pesar estar inédito.

El curso sobre la evolución del pensamiento juslaboralista es parte del curso de posgrado en derecho del trabajo y de la seguridad social de la Facultad de Derecho de la Universidad de la República (Uruguay), pero su significado excede largamente el de connotar simplemente el dictado de una materia determinada. Se trata del curso “insignia” del posgrado laboral uruguayo, en tanto comporta un sorprendente y erudito repaso de los orígenes del derecho del trabajo, los cuestionamientos al que ha sido sometido y el repaso y sistematización de las corrientes de pensamiento jurídico/social/ideológico contemporáneas.

Su publicación se demoró por más de quince años. En el entretiempo, circularon versiones escritas, algunos artículos del autor que despuntaban el contenido del libro no publicado, y hasta una filmación del curso.

Se trata de un libro de culto.

La expresión, es sabido, se emplea para referir a aquellas obras cinematográficas o literarias de espesor y originalidad, con cierta nota de marginalidad respecto de las tendencias hegemónicas, de acceso no masificado y que suscita un lector específico, entusiasta  e interesado.

Casi cómplice.

Es el caso.

La espera del libro y su divulgación por esos medios no tradicionales (apuntes de clase, versiones de lo dicho, etc) contribuyó a crear cierta mística, cierto aura, una circulación soterrada, un prestigio sostenido en el “boca a boca”. El libro y las condiciones de su divulgación previa lo convierten, más allá de su contenido, en una circunstancia poco común tratándose de una obra académica.

La singularidad del libro hasta hace poco no escrito se opone a aquella otra categoría que hablaba Italo Calvino cuando el personaje de una de sus novelas[1] circulaba entre montones de libros apilados “ya leídos sin necesidad siquiera de abrirlos pues pertenecen a la categoría de lo ya leído antes aún de haber sido escrito”.

O sea, la literatura jurídica previsible, consabida, inexpresiva. Trillada, y por ello – independientemente de su enfoque – irremediablemente conservadora.

Hay varios modos de leer un texto.

En este caso, quiero señalar dos, aunque al interior de cada uno es posible encontrar otros diversos niveles  de lectura y comprensión. Es una cuestión un tanto laberíntica.  También es posible dar un rodeo y antes de abrirlo apreciar el arte del objeto libro: la pintura de Van Gogh que destaca, el color de la portada, etc.

El primer modo de aproximación nos dice que no estamos, solamente, ante un libro de derecho del trabajo.  El libro no cita normas ni presta soluciones a problema práctico alguno. El tema es la teoría del derecho del trabajo tal como ha ido construyéndose trabajosa y contradictoriamente durante el siglo pasado. En este sentido, es un ejercicio de metateoría, o sea, un relato y una reflexión sobre el derecho del trabajo.

En este nivel de lectura, el libro funciona justamente como una historia del pensamiento juslaboralista, una narración apoyada en textos originarios puestos al final de cada capítulo, lo cual explaya el círculo de la lectura y lo remite hacia las fuentes. El libro desgrana así un recorrido por el surgimiento de la cuestión social, las respuestas del derecho, el intervencionismo, la constitucionalización y el lento declive hacia la desregulación tras el advenimiento del neoliberalismo. En medio de ese tránsito, el autor deja algunas marcas de su propio pensamiento, como el capítulo sobre los particularismos del derecho laboral, uno de sus aportes más reconocidos.

Promediando la lectura, aparecen los capítulos sobre las doctrinas revisionistas y las corrientes reduccionistas, una sistematización propia del autor.

En estos casos, entra en diálogo y polemiza con otros autores y con otros libros, muchos de los cuales son considerados como “canónicos” en la disciplina laboral (Jeammaud, Romagnoli, etc). Esta característica dialógica, diríase intertextual, resulta de significativo interés, y ello por un doble juego de razones.

De un lado, permite al lector una actualización en clave crítica de los actuales desarrollos teóricos, doctrinas en las que el autor encuentra coincidencias, continuidades y rupturas, todo bajo una mirada rigurosa, propia de los llamados intelectuales de la generación del 45, de la que Barbagelata forma parte.

Para el lector, esta apertura a la intertextualidad remite a otros libros e invita a otras lecturas, fuera ya de las fronteras de la obra de Barbagelata. Provoca, seguramente, otras interpretaciones y otras toma de posición, que habrán de confrontarse con los puntos de vista de libro en una segunda o tercera lectura.

Este primer nivel de lectura se completa con la apreciación del estilo del autor.

No es habitual hablar del estilo o de la poética de un autor de literatura jurídica. Pero debemos hacerlo. El modo de escribir de Barbagelata es plenamente identificable y también ha hecho escuela.

Es una escritura seca, concentrada, despojada de ripios[2].

Va a lo esencial. Esta manera austera de decir se complementa con una escritura en paralelo con las llamadas  - siempre, por convicción, al pié de página y nunca al final del texto – que desarrollan el discurso principal.

Por último, y de forma aparentemente paradojal con lo anteriormente expresado, aparecen en la escritura de Barbagelata las apelaciones metafóricas al teatro, que refuerzan los términos de sus explicaciones. Se habla así del “escenario” de las relaciones laborales, donde unos “actores” principales y secundarios, desempeñan “papeles”. El recurso no es casual: se explica porque el teatro ha sido la otra pasión del autor.

Una segunda de las lecturas posibles del Curso es recomponer la visión propia del autor, no siempre ni del todo explícita. Aparece como presupuesta.

En términos muy coloquiales, el libro “no baja la línea” de lo que debemos entender como derecho del trabajo.

Por ello la lectura de Barbagelata – en esta y en toda su obra – crea su propio modelo de lector, en una especie de efecto contagio.

En lo fundamental, se interroga y nos interroga acerca de qué hablamos cuando hablamos de trabajo y de derechos.

No aborda el estudio de las “instituciones” del derecho del trabajo, ni de la dogmática jurídica ni se ocupa de esas perspectivas empobrecedoras de lo que Capón Filas llamó “narradores de normas”, sino que su mirada se detiene en los avatares del derecho del trabajo –  progresos, contramarchas - y en su justificación.

Desde este punto de vista la obra es inquietante, porque no se ubica en la posición tranquilizante y neutra de una pretendida “ciencia” del derecho del trabajo (si tal engendro existiese), sino en la urdimbre inextricable entre derecho y economía, derecho y realidad, derecho y cultura.

Entendido así, este segundo nivel de lectura no se agota en un primer recorrido página a página, sino que demanda tantas re/lecturas y vueltas como retornos y necesidad de reflexión sobre el derecho del trabajo tengamos.



[1] Estamos hablando de la extraordinaria – y también singular - “Si una noche de invierno un viajero”
[2] La expresión es de Horacio Quiroga (1878 – 1937), escritor uruguayo, al referirse a la escritura de los cuentos y a diferencia de la escritura de las novelas

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