lunes, 1 de mayo de 2017

Si es nuestro el Primero de Mayo los otros días de quien son


Un dia como hoy es absolutamente propicio (como todos los días) para volver sobre “Los Otros Dias” la extraordinaria canción/poesía de Rubén Olivera, una síntesis perfecta que explica más que  un volumen de 400 páginas sobre las inequidades del trabajo por cuenta ajena.
Puede verse la interpretación en:

https://www.youtube.com/watch?v=zOJpD_kdZX8

Los Otros Dias

Por hoy,
el día es nuestro y ya se ve
la gente que en tantos países
se encuentra, se busca.

Por hoy,
hay una calma de asustar,
recuerdos vagos de un Chicago
que mayo no deja olvidar.

Por hoy,
son miles que están llegando,
más miles no son suficientes
y un día no puede bastar.

Si es hoy,
si es nuestro el primero de mayo,
los otros días de quien son.

Por hoy,
la gente sueña y quiere ver
que mayo venga desbordando
desde su propio corazón.

Por hoy,
por siempre el día está esperando
sobre sus llagas su cansancio,
sobre su rabia.

Si es hoy,
si es nuestro el primero de mayo
los otros días de quien son.

jueves, 23 de febrero de 2017

El laboralismo no llega a la Suprema Corte de Justicia

Transcribimos la nota de opinión publicada en el matutino La Diaria, que puede verse en además en:
 
El título hace referencia al filme uruguayo "Mal dia para Pescar", inspirado en el cuento de Juan Carlos Onetti "Bienvenido Bob"
 
 
Mal día para transparentar

 Hugo Barretto Ghione*

Ahora que todo parece indicar que la designación del próximo ministro de la Suprema Corte de Justicia se hará siguiendo el criterio de la antigüedad en el cargo de los Tribunales de Apelaciones, es bueno repasar algunos de los argumentos que se pusieron en juego durante  los últimos días por parte de actores políticos y de la sociedad civil sobre el procedimiento y las valoraciones de la propuesta del gobierno.

De una parte, un conjunto de opiniones de diversas organizaciones han puesto de manifiesto que la elección de quien ocupe la silla vacante se ha hecho siempre  en el marco de una total opacidad, contrastando así con las bondades de aquellos sistemas en que se hace un debate público acerca de las concepciones jurídicas (e inevitablemente ideológicas) que tienen los candidatos, que son sometidos a interrogatorios en instancias parlamentarias. Hay también sistemas en que los “candidatos” (nunca mejor llamados) deben reclutar voluntades, firmas o votos a efectos de contar con niveles de apoyo que legitimen su postulación.

El absolutamente compartible reclamo de trasparencia en los procedimientos de designación de quienes se sitúan en la cúspide de uno de los poderes del Estado de Derecho no debe soslayar las particularidades del caso, que hace que las cosas no sean tan sencillas de discernir. Lo que puede ser bueno para elegir gobernantes puede no serlo para designar jueces, y en lo fundamental, deben salvaguardarse ciertas garantías para  quienes deberán desempeñar su cargo con imparcialidad y sin compromisos con grupo de interés alguno.

Por otra parte, no debería confundirse la opacidad del actual sistema con la debida reserva, ya que la saludable transparencia  puede mutarse en manos irresponsables y demagógicas en afectaciones graves a la trayectoria y la significación que pueden ostentar los jueces que legítimamente aspiren a cumplir su compromiso con la justicia en las máximas responsabilidades institucionales.

Algo de esto ha ocurrido en el reciente debate, que exhibió el nombre de la Dra. Rosina Rossi como indicación del partido de gobierno, que tenía la prioridad para proponer,  y que luego de una inicial aquiescencia del resto de los partidos, fue llamativamente rechazada por el Partido Nacional bajo la infundada razón dada por alguno de sus voceros,  de “debilidades en su currículum”, de estar en el lugar 14 en la lista de méritos del Poder Judicial  (a lo que cabe aclarar, por nuestra parte, que es una lista de calificada por la antigüedad, no por el mérito, como erróneamente se dice) o de ser demasiado militante (¿de quien? ¿de qué partido, sector o secta? El legislador no lo aclara).

La referida juez es docente de Derecho del Trabajo y la Seguridad Social de la Universidad de la República y del Centro de Estudios Judiciales del Uruguay (Escuela Judicial), y por muchos años,  miembro de su dirección en representación de la Facultad de Derecho. En su actividad judicial, es  miembro del Tribunal de Apelaciones del Trabajo de 1er turno, donde se ha destacado nítidamente por sus posiciones apegadas a los enfoques centrados en los Derechos Humanos en su dimensión social mediante la aplicación directa de los instrumentos internacionales en esa materia  y por concebir al derecho del trabajo en su sentido humanista y protector siguiendo así la mejor doctrina uruguaya, que ha sido reconocida internacionalmente. La propia Suprema Corte de Justicia designó, en su momento, a la juez Rossi para integrar la comisión de redacción de la reforma procesal laboral, una medida que, sin mengua de las garantías, disminuyó considerablemente los plazos de duración de los procesos laborales de diecisiete meses  en primera instancia (año 2004, con 4609 asuntos) a seis meses en promedio ((2014, con 6715 asuntos), según datos de la pagina web del organismo.

En lo fundamental, la impugnación de la magistrada deja a la Suprema Corte de Justicia, una vez más, sin integrantes que provengan de la vertiente del Derecho Social (del trabajo, en este caso), en un organismo consuetudinariamente hegemonizado por concepciones privatistas y civilistas, muchas veces a contrapelo de la evolución del “tiempo de derechos” que pretende instalarse.

La publicidad de los argumentos vertidos en el debate sobre la designación de los jueces no asegura de ningún modo la trasparencia de las razones últimas de los actores (que pueden ser inconfesables), y nos pone frente al riesgo (no digo que sea el caso) del inolvidable relato de Mark Twain cuando en “Decadencia del arte de mentir” reclamaba al menos elegancia a la hora de no decir la verdad.

 



* Profesor Titular de Derecho del Trabajo y la Seguridad Social de la Facultad de Derecho de la Universidad de la Rep{ublica

miércoles, 8 de febrero de 2017

Civilización o Barbarie: la consideración del otro y el “mirarnos a nosotros mismos como desde fuera”


Parece escrito teniendo presente los hechos de hoy mismo, cuando en épocas “trumpistas” nos encontramos con este texto profundamente humanista que dice Por cómo percibimos y acogemos a los otros, a los diferentes, se puede medir nuestro grado de barbarie o de civilización”. Mientras se proyecta una muralla que separa los territorios y nos aisla del “otro” (el diferente, el pobre), recordamos este discurso de Tzvetan Todorov, filósofo búlgaro fallecido en estos días, dicho en oportunidad de recibir el premio Príncipe de Asturias a las Ciencias Sociales (2008):

Antes de la época contemporánea, el mundo jamás había sido escenario de una circulación, tan intensa de los pueblos que lo habitan, ni de tantos encuentros entre ciudadanos de países diferentes. Las razones de tales movimientos de pueblos e individuos son múltiples. La celeridad de las comunicaciones incrementa el prestigio de los artistas y de los sabios, de los deportistas y de los militantes por la paz y la justicia, poniéndolos al alcance de los hombres de todos los continentes. La actual rapidez y facilidad de los viajes invita hoy a los habitantes de los países ricos a practicar un turismo de masas. La globalización de la economía, por su parte, obliga a sus elites a estar presentes en todos los rincones del planeta y a los obreros a desplazarse allá donde puedan encontrar trabajo. La población de los países pobres intenta por todos los medios acceder a lo que considera el paraíso de los países industrializados, en busca de unas condiciones de vida dignas. Otros huyen de la violencia que asola sus países: guerras, dictaduras, persecuciones, actos terroristas. A todas esas razones que motivan los desplazamientos de las poblaciones se han sumado, desde hace algunos años, los efectos del calentamiento climático, de las sequías y de los ciclones que este conlleva. Según el Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los refugiados, por cada centímetro de elevación del nivel de los océanos, habrá un millón de desplazados en el mundo. El siglo XXI se presenta como aquel en el que numerosos hombres y mujeres deberán abandonar su país de origen y adoptar, provisional o permanentemente, el estatus de extranjero.

Todos los países establecen diferencias entre sus ciudadanos y aquellos que no lo son, es decir, justamente, los extranjeros. No gozan de los mismos derechos, ni tienen los mismos deberes. Los extranjeros tienen el deber de someterse a las leyes del país en el que viven, aunque no participen en la gestión del mismo. Las leyes, por otra parte, no lo dicen todo: en el marco que definen, caben los miles de actos y gestos cotidianos que determinan el sabor que va a tener la existencia. Los habitantes de un país siempre tratarán a sus allegados con más atención y amor que a los desconocidos. Sin embargo, estos no dejan de ser hombres y mujeres como los demás. Les alientan las mismas ambiciones y padecen las mismas carencias; sólo que, en mayor medida que los primeros, son presa del desamparo y nos lanzan llamadas de auxilio. Esto nos atañe a todos, porque el extranjero no sólo es el otro, nosotros mismos lo fuimos o lo seremos, ayer o mañana, al albur de un destino incierto: cada uno de nosotros es un extranjero en potencia.

Por cómo percibimos y acogemos a los otros, a los diferentes, se puede medir nuestro grado de barbarie o de civilización. Los bárbaros son los que consideran que los otros, porque no se parecen a ellos, pertenecen a una humanidad inferior y merecen ser tratados con desprecio o condescendencia. Ser civilizado no significa haber cursado estudios superiores o haber leído muchos libros, o poseer una gran sabiduría: todos sabemos que ciertos individuos de esas características fueron capaces de cometer actos de absoluta perfecta barbarie. Ser civilizado significa ser capaz de reconocer plenamente la humanidad de los otros, aunque tengan rostros y hábitos distintos a los nuestros; saber ponerse en su lugar y mirarnos a nosotros mismos como desde fuera. Nadie es definitivamente bárbaro o civilizado y cada cual es responsable de sus actos. Pero nosotros, que hoy recibimos este gran honor, tenemos la responsabilidad de dar un paso hacia un poco más de civilización.

lunes, 23 de enero de 2017

La Asociacion de Abogados Democráticos de Mexico ante la asunción de Donald Trump

La Asociación de Abogados Democráticos de México ha dado a conocer la siguiente comunicación en la que expresa su rechazo a las políticas xenófobas que anuncia el gobierno recién instalado en Estados Unidos.

Reproducimos el texto que nos acercan los amigos de la ANAD.


Trump, una amenaza para México y para el mundo
 
Raúl Jiménez y Oscar Alzaga*

El muro de la frontera, la deportación masiva de mexicanos y el orden económico mundial arbitrario que busca imponer el nuevo presidente de Estados Unidos (EU), representan una agresión a la humanidad, una amenaza a los derechos humanos universales y al desarrollo de las naciones. Una amenaza que viola: el Principio de no agresión de la Carta de San Francisco, ONU, el Pacto Internacional de Derechos Civiles y Políticos de la Convención Americana de Derechos Humanos, OEA, la Convención Internacional sobre la Eliminación de todos formas de Discriminación Racial y los Principios rectores de la política exterior de la Carta Magna de México,

Trump ha dado sobradas muestras de un racismo extremo y enfermo, amenaza a México con el muro y su cobro, con reducir la economía nacional a su arbitraria decisión. Pero el muro de la frontera no solo agrede a México, porque es regresivo para el desarrollo mundial: será un muro entre el Primer Mundo y el Tercer Mundo, de inmediato entre EU-Latinoamérica. Divide al mundo entre ricos y pobres.

A México le impide su derecho de autodeterminación y no intervención extranjera en asuntos internos, amenaza con imponer el pago del muro, violenta la soberanía nacional y popular, rompe la igualdad jurídica y la cooperación internacional entre las naciones, pone en riesgo el diálogo pacífico entre ambos países.

Además impone a la económica internacional los privilegios para EU, a costa del mundo. No se trata de un país árabe u oriental, sino del más poderoso económica y militarmente del mundo, con predominio en la ONU, OTAN, FMI, BM, etc. A la vista de todos resurge el imperialismo más rapaz y agresivo de la era global, abusivo, racista y amenaza la paz y la seguridad mundial.
No es sólo un problema de los mexicanos y centroamericanos. Ya Alemania, Francia y China protestaron las descabelladas pretensiones de Trump, de imponer su jefatura al mundo: ordenó a las empresas europeas que salgan de México. Impone la irracional fuerza por encima de los tratados internacionales y las leyes universales.

La política de Trupm viola los derechos humanos de la ONU y OEA, lo mismo que los derechos internacionales del desarrollo y del derecho público, ya que agrede el libre comercio internacional y más contra las naciones en desarrollo. Consecuentemente, debemos acudir a los organismos internacionales y llamar a todas las naciones a frenar las agresiones, antes de que la amenaza se vuelva incontrolable.

Las agresiones y los conflictos ya iniciaron, antes de tomar el cargo Trump, ¿Debemos esperar para actuar? México debe convocar a las naciones latinoamericanas a defender los derechos humanos y el derecho del desarrollo sin trabas ni amenazas de nadie. Con el apoyo latinoamericano, luego convocar a un foro mundial, con ese propósito. A la vez, llamar al pueblo de EU a frenar al irracional Trupm. Todo en el marco del derecho.

Muro para seres humanos, no para las drogas, armas y narcos.

El muro es exclusivo para indocumentados, trata a los migrantes como delincuentes, cuando no lo son ni ilegales, así lo señala la ONU y los organismos de derechos humanos, ya que por razones económicas emigran. Antes fueron expulsados de su país de origen, por la falta de empleo y por los bajos salarios: son víctimas de aquí y de allá.

Pero EU demanda esa mano de obra para su economía en tres áreas, al menos: en el campo, la construcción y la limpieza de edificios, industrias y calles. EU no le hace ningún favor a los migrantes, ellos van a desquitar su salario y sus derechos, con trabajo honesto.

En cambio, el narcotráfico pasa de ida y vuelta, con tolerancia oficial. Porque EU es el mayor consumidor de droga del mundo: ¿Qué país produce y vende las armas a los narcos? ¿Quién financia la droga y el consumo en EU? Para eso no hay muro y ni es ilegal el tráfico. En México la droga solo ha dejado muertos, desaparecidos, inseguridad y violencia creciente. Para la droga no hay muros ni opinión de Trump.

El TLC de 1994 abrió las fronteras para el capital y las mercancías, no para los ciudadanos, igual ocurre con el Pacto Transpacífico. En el marco del derecho internacional del desarrollo y del público se deben denunciar las violaciones de Trump en la ONU y OEA; y en el marco de los derechos humanos denunciar las violaciones en los tribunales respectivos. Es evidente que Trump abusa del poder económico y militar de EU, para imponerse al mundo, sobre todo a países de economías dependientes y débiles, como la de México.

¿El gobierno tiene el apoyo ciudadano para defender al país ante el poder de Trump? ¿Cuenta con el apoyo internacional?

Sabemos que no existe la unidad nacional, cuando la ciudadanía está inconforme con la política económica y social oficial. El gasolinazo es solo la última expresión de una política injusta que lleva 4 años y 30 más de gobiernos neoliberales. 

¿Qué beneficios han traído al pueblo las reformas del gobierno actual? Ninguna, al contrario: solo han enriquecido más a la oligarquía y al capital extranjero y reducido los salarios, los contratos colectivos, el empleo y crece la emigración.
Ante la creciente inconformidad popular, el gobierno no cambia su política económica, solo hace promesas. No asume una política de austeridad y racionalidad que beneficie a las mayorías y al desarrollo del país. No frena los excesos de la oligarquía, gobernantes, tres poderes y partidos. Y de todos ellos no erradica la corrupción.

El gobierno no debe acudir a leyes que militaricen a la nación, sacar a los militares a las calles, lo que una y otra vez fracasó. Legalizar lo ilegal. Militarizar el país es reconocer el fracaso de la democracia y la convivencia pacífica: amenaza las elecciones. Cuando lo que requiere el país es de confianza, paz y cambios para una economía social. México tiene alternativas nacionales e internacionales que impulsar, tiene historia de grandes enseñanzas y patria con dignidad.

*Presidente y Coordinador de la ANAD.

martes, 10 de enero de 2017

El lento, imperceptible y cuestionable arribo del enfoque de la “diligencia debida” en el Derecho del Trabajo


De manera un tanto imperceptible, viene introduciéndose en el Derecho del Trabajo la noción que las normas laborales deben cumplirse “en la medida de lo posible” o mediante la “diligencia debida” de las posibilidades de las empresas. Este derecho débil, último resorte de la desregulación laboral, viene contenido, casi de soslayo, en las recientes conclusiones de la comisión tripartita de la OIT que trabajó sobre el tema del “Trabajo Decente en las Cadenas de Suministro”.

Para dar cuenta de tal preocupación y encarar urgentemente su crítica, la revista Derecho Laboral publicará el siguiente editorial en su edición a aparecer en febrero de 2017.

EDITORIAL

Cadenas de Suministro

La 105° reunión de la Conferencia Internacional del Trabajo (2016) adoptó una resolución sobre el “Trabajo Decente en las cadenas mundiales de suministro”[1], lo que comportó seguramente el tema de mayor interés y proyección de los tratados en esa oportunidad.

El documento no define que debe entenderse por cadenas de suministro, y para cubrir el hueco puede recurrirse al estudio preliminar efectuado por la Oficina[2], que expresa que “Las cadenas mundiales de suministro son estructuras organizativas complejas, variadas, fragmentadas, dinámicas y evolutivas. Para describirlas se utiliza una diversidad de términos, como, por ejemplo, «redes mundiales de producción», «cadenas de valor mundiales» y «cadenas mundiales de suministro» (…) se entiende por «cadena mundial de suministro» toda organización transfronteriza de las actividades necesarias para producir bienes o servicios y llevarlos hasta los consumidores, sirviéndose de distintos insumos en las diversas fases de desarrollo, producción y entrega o prestación de dichos bienes y servicios. Esta definición incluye las operaciones de inversión extranjera directa (IED) efectuadas por las empresas multinacionales, tanto en filiales que les pertenecen en su totalidad como en empresas mixtas en las que la multinacional tiene la responsabilidad directa de la relación de trabajo. También incluye el modelo cada vez más predominante de abastecimiento internacional, en cuyo marco las obligaciones de las empresas principales se fijan en los acuerdos contractuales (o, a veces, tácitos) que suscriben con los proveedores y con las empresas subcontratadas para el suministro de bienes, insumos y servicios específicos” (núm. 5 y  6).

Con esta significación, la resolución objeto de estos comentarios reconoce los efectos positivos y negativos que presenta el trabajo en estas estructuras, muy incididas tanto  por las políticas de atracción de inversiones de capitales como por la creación de los “entornos propicios” (en el sentido empleado en la resolución de 2007 sobre Empresas Sostenibles) para su instalación en las geografías nacionales. El mentado entorno propicio ha sido motivo de inquietud,  puesto que se corre el riesgo que se trasmute en exigencias de desregulación de los marcos normativos laborales, tributarios o previsionales, conductas muy alejadas por cierto de los comportamientos esperables de empresas sostenibles. Con una fina ironía, Bauman ha dicho que “la única esperanza que tienen los gobiernos de que los capitales se queden radica en lograr convencerlos, más allá de toda duda, de que tienen libertad de irse cuando quieran y sin previo aviso[3]

En el plano de los derechos, si bien la Resolución sobre Cadenas de Suministro no arriesga un contenido relevante, deja sin embargo planteadas algunas cuestiones que conviene relevar y marca una preocupación de futuro sobre la que habrá de estarse atento.

La primera cuestión que parece importante refiere a la aplicación y efectividad de las normas laborales. En concordancia con lo que viene de expresarse, la Resolución indica que “La capacidad y los recursos de los gobiernos para vigilar y hacer cumplir efectivamente la legislación podrían ser limitados. La expansión de las cadenas mundiales de suministro a través de las fronteras ha exacerbado esos déficits de gobernanza” (núm. 6). El Convenio Internacional núm. 81 sobre Inspección del Trabajo (1947), uno de los prioritarios o de gobernanza,  cuenta con 145 ratificaciones,  pero las observaciones a los países que efectuado la Comisión de Expertos en la Aplicación de Convenios y Recomendaciones sobre los convenios de Inspección y Administración del trabajo ocupan casi 60 páginas del informe de 2016.

En segundo término, la Resolución reconoce la importancia que han adquirido ciertas manifestaciones normativas internacionales que algunos han denominado como “soft law” cuando dice que “Distintas empresas y grupos sectoriales y multipartitos han emprendido iniciativas privadas de cumplimiento de la legislación. Éstas se han dirigido a una amplia gama de cuestiones y han utilizado diferentes estrategias como la auditoría, el intercambio de mejores prácticas, los mecanismos de presentación de quejas, el aprendizaje entre pares, la orientación y el fortalecimiento de las capacidades. Las empresas tienen la responsabilidad de respetar los derechos del trabajo en sus operaciones, como establecen los Principios Rectores sobre las Empresas y los Derechos Humanos de las Naciones Unidas (Principios Rectores de las Naciones Unidas), y los gobiernos tienen el deber de aplicar y hacer cumplir la legislación nacional”, aunque casi de inmediato advierte que “Los esfuerzos de otras partes interesadas para promover el cumplimiento de la legislación en el lugar de trabajo pueden apoyar pero no sustituir la eficacia y eficiencia de los sistemas de gobernanza pública” (núm. 10).

No es esta la oportunidad de volver sobre el valor de los compromisos unilateralmente asumidos por las empresas en el marco de su responsabilidad social. La literatura jurídico/laboral ha dado cuenta de la ambivalencia del fenómeno y el movimiento sindical ha procurado reconducir esos contenidos hacia Acuerdos Marcos celebrados con empresas multinacionales, dando lugar así a un nuevo giro del debate, centrado en el alcance y eficacia de esos instrumentos.

Seguramente lo más preocupante del documento radique en su última parte, cuando refiere  a la acción de la OIT. No hay mayormente novedad en el texto del numeral 23 hasta cuando llega al literal f) y dice que el organismo debería  “Fortalecer su capacidad para proporcionar orientación a las empresas sobre la aplicación de las normas del trabajo en sus cadenas de suministro y facilitar información sobre las situaciones y la legislación de los países, así como sobre la aplicación del principio de diligencia debida en relación con los derechos del trabajo, de conformidad con los marcos internacionales existentes. Muchos de esos marcos ayudan a las empresas a promover el trabajo decente. Deberían conocerse y promoverse mejor de manera coherente” (resaltado nuestro).

El texto, quizá deliberadamente ambiguo, trasiega al Derecho del Trabajo  la locución “diligencia debida”, hasta ahora empleada preponderantemente  en el campo del derecho internacional para acordar cierta flexibilidad en la aplicación  inmediata de las normas de los tratados, en reconocimiento de la diversidad de situaciones económicas, sociales y culturales de los países.

El concepto es asimismo ambiguo en la propia doctrina internacional, a tal punto que la Corte Interamericana de Derechos Humanos ha entendido que se trata de una categoría de contenido flexible y - en atención a esa característica - ha fijado niveles diversos de “diligencia” para cada caso que llega a su conocimiento.

 

En la jurisprudencia y en la doctrina internacional la obligación de los Estados de cumplir con la  “debida diligencia” ha sido formulada como:

 

a)     La obligación de cumplir con un estándar mínimo internacional de diligencia debida que fija la jurisprudencia internacional;

 

b)    La obligación del Estado de ejercitar el grado de diligencia debida que emplea en sus asuntos internos o frente a sus ciudadanos, según los medios que dispone.

 

Parece claro que la fórmula señalada en (a) es más objetiva y por ello más garantista, ya que el estándar de cumplimiento está dado por comportamientos razonables, lo que significa que, aunque el Estado no cuente con los medios para asegurar los derechos, si pudo “razonablemente” haberlos obtenido, es igualmente responsable internacionalmente por su omisión.

 

El tema ha sido debatido, por ejemplo, cuando se modificaron las Directrices de OCDE sobre Empresas Multinacionales. En efecto,  en relación a la obligación de las empresas respecto del cumplimiento de los Derechos Humanos se establece que deberán “Emplear la diligencia debida en materia de derechos humanos en función de su tamaño, de la naturaleza y el contexto de sus actividades y de la gravedad de los riesgos de incidencias negativas sobre dichos derechos”.

Esta subsunción de la aplicabilidad de los derechos humanos al estándar de la “diligencia debida” - que ya era absolutamente objetable en los instrumentos internacionales por sujetar el valor de la dignidad humana a las posibilidades materiales del mercado - es en la Resolución sobre Cadenas de Suministro  trasplantada al plano de los ordenamientos jurídicos nacionales, que al parecer deberán medir el cumplimiento de las normas laborales con la vara de la diligencia debida, introduciendo así una variable que altera la ecuación prescriptiva del fenómeno jurídico laboral debilitando la efectividad del Derecho al hacerla depender de componentes subjetivos.

La “diligencia debida” aparece así como un intento de introducir en el discurso de la OIT -  a través de un documento de “conclusiones” de una comisión -  un elemento que rompe el equilibrio de “flexibilidad y rigor” de las normas internacionales[4] en favor del primer polo, exacerbándolo, sumado a que se erige como un inaceptable mecanismo para calificar el cumplimiento de las normas laborales en los ordenamientos nacionales.




[1] El texto oficial puede consultarse en:
http://www.ilo.org/wcmsp5/groups/public/---ed_norm/---relconf/documents/meetingdocument/wcms_498373.pdf
[2] El texto puede consultarse en:
http://www.ilo.org/wcmsp5/groups/public/---ed_norm/---relconf/documents/meetingdocument/wcms_468096.pdf
[3] Bauman, Zygmunt. Modernidad Líquida. FCE, 2003, p. 160
[4] Servais, J-M. “Flexibilidad y rigor de las normas internacionales del trabajo”. Revista Internacional del Trabajo, vol. 105, n{um. 2 (1986), p. 263

Novedades de interés: nueva edición de la Revista Derecho Social Latinoamerica (núm 2)


En diciembre de 2016  ha aparecido el núm. 2 (Nueva Época digital) de la Revista Derecho Social Latinoamérica, dirigida en su primera etapa por Antonio Baylos y Oscar Ermida Uriarte y cuyo Consejo de Redacción integran hoy Joaquín Aparicio, Hugo Barretto, Antonio Baylos, Karena Caselles, Manuel Carvalho, Guillermo Gianibelli, Maria da Paz Campos Lima, Daniela Marzi, Laura Mora, Carlos Alá Santiago Rivera, Sayonara Grillo Silva, Alfredo Villavicencio.

La revista, como ya se ha informado en este lugar, se estructura en tres secciones:  “Estudios”, “Tendencias” y “Conflictos”, seguidos de noticias (entre las que se destaca una evocación a la figura de Néstor de Buen, fallecido en 2016)  y recensiones bibliográficas, en este caso,  los libros de José Roberto Herrera e Iván Jaramillo “El trabajo como elemento de construcción de paz y democracia en el marco del postconflicto colombiano” y de VAldete Severo “Elementos para o uso transgressor do Direito do Trabalho.

Es posible la suscripción mediante el ingreso en la dirección de Editorial Bomarzo:


Contenido del número 2:

EDITORIAL (Luiz Carlos Moro)

ESTUDIOS

Desafíos al Derecho Laboral. Wolfgang Däubler

A reconfiguração das relações laborais e da negociação coletiva no quadro da  austeridade neoliberal: o caso português. Maria da Paz Campos Lima

La respuesta de la unión europea a la crisis: el sacrificio de los derechos sociales.  Joaquín Aparicio Tovar

Justicia laboral mexicana ¿una reforma viable?. Enrique Larios

Reforma da previdência: Aportes de direitos humanos para Regimes de Exceção  e Cortes Orçamentários. Daniela Muradas

Indagaciones sobre la huelga: cuestiones de método, definición y Derecho.  Hugo Barretto Ghione

Trabajo y derecho: Una relación conflictiva. Reflexiones laborales del proceso  de transición hacia la paz en Colombia. Karena Caselles Hernández

TENDENCIAS

1. DIMENSIÓN INTERNACIONAL DE LOS DERECHOS SOCIALES

Direitos sociais e livre comércio - OIT x OMC. Thereza Christina Nahas

2. DERECHO DE HUELGA

Ontología y titularidad del derecho de huelga. Algunos apuntes críticos a partir de  una reciente sentencia de la Corte Suprema de la República Argentina. Juan I. Orsini

La antigua y controvertida cuestión de la titularidad del derecho de huelga en un  enfoque comparado italo-español. Marialaura Birgillito

3. TRABAJO FORZOSO

Formas modernas de trabalho forçado. Reflexões a propósito da Lei portuguesa  23/2016. Carlos Manuel da Fonseca Graça

4. CONTRATACIÓN TEMPORAL

La sentencia del Tribunal de Justicia Europeo y el fracaso de la reforma laboral  en España. Antonio Baylos Grau y Joaquin Pérez Rey

5. CONFLICTOS

Las luchas mineras del siglo XXI en México. Oscar Alzaga

NOTICIAS

CSA. Plataforma jurídica regional sobre organización sindical y negociación  colectiva en América Latina. Caribe

II Encontro da RENAPEDTS e Carta de Curitiba

Promesas de Austeridad Permanente y Colonialismo: Recetas del Congreso de  Estados Unidos de América (EUA) para Puerto Rico. Carlos Alá Santiago Rivera

Néstor de Buen Lozano, prestigiado jurista, litigante y amigo. Oscar Alzaga

LIBROS

domingo, 4 de diciembre de 2016

El Poder Directivo del Empleador en relatos de Kafka y Melville


Los siguientes son fragmentos de “El Poder Directivo del Empleador en tres relatos clásicos”, ensayo publicado en la colección Cuadernillos de la Fundación Electra, entidad fundada por el prof. Héctor – Hugo Barbagelata sobre la cual ya hemos informado en este sitio.

La Metamorfosis de Kafka y la internalización del control

Franz Kafka, uno de los autores más influyentes y singulares del siglo XX, nació en Praga en 1883 y murió en Viena en 1924.

El último de los relatos utilizados en este ensayo es justamente el más conocido de Kafka, un escritor muy  recurrido por los estudiosos del vinculo del derecho con la literatura, fundamentalmente por su novela “El Proceso”, de la cual hay una versión cinematográfica ejemplar de Orson Welles (1963).

“La Metamorfosis”  fue escrito en 1912 y publicado en 1916 y constituye un verdadero clásico de la literatura, pródigo en interpretaciones y precursor en más de un sentido. La genial desobediencia de Max Brod, el albacea literario de Kafka, hizo que la obra en su conjunto se salvara de la decisión de eliminación que había dictado antes de su muerte, afirmación que se ha puesto en entredicho de manera original[1].

El inicio del relato figura entre los más célebres y no es ésta la ocasión de omitirlo:

“Al despertar Gregorio Samsa una mañana, tras un sueño intranquilo, se encontró en su cama convertido en un monstruoso insecto”.

Sumergidos en la pesadilla del protagonista, y pese a lo extraordinario de la situación, es llamativo que en las primeras treinta páginas la preocupación prevalente de Gregorio Samsa sea cómo concurrir al trabajo para que no se entienda su defección como una falta laboral.

Las apelaciones al deber y a la sujeción al poder del empleador son continuas. A poco de despertar, la primera explicación que Samsa da a la transformación que ha sido objeto es atribuida  al cansancio que le genera su tarea de vendedor de comercio:

“Ay Dios” se dijo entonces, “¡que cansada es la profesión que he elegido! Un día sí y otro también de viaje. La preocupación de los negocios es mucho mayor cuando se trabaja fuera que cuando se trabaja en el mismo almacén”. Se compara con otros vendedores que a media mañana se encuentran sentados en la fonda, tomando su desayuno:

“Si yo con el jefe que tengo, quisiese hacer lo mismo, me vería en el acto de patitas en la calle”.

Pese a las dificultades que tiene para moverse e incorporarse, dado que se “encontraba echado sobre el duro caparazón de su espalda” repara una y otra vez en el transcurso del tiempo y en cómo ha perdido ya el tren de las cinco y cómo puede tomar el de las siete.

El desasosiego por no llegar tarde al trabajo aparece de nuevo:

“Además, aunque alcanzare el tren, no por ello evitaría la filípica del amo, pues el mozo del almacén, que habría bajado del tren a las cinco, debía de haber dado ya cuenta de su falta. Era el tal mozo una hechura del amo, sin dignidad ni consideración”.

Si diera parte de enfermo, la empresa le enviaría el médico certificador, “para quien todos los hombres están siempre sanos y sólo padecen de horror al trabajo”.

Resulta patético el siguiente pasaje, que revela por un lado la insistente preocupación por concurrir al trabajo y por otro lado, sin solución de continuidad, describe las vicisitudes  de acomodarse a su nueva condición de insecto puesto patas arriba en la cama:

“pero poco a poco, pensó: “antes de que den las siete y cuarto es indispensable que me haya levantado. Sin contar que, entretanto, vendrá seguramente alguien del almacén a preguntar por mí, pues allí abren antes de las siete”

Y a renglón seguido se dice:

“Y se dispuso a salir de la cama balanceándose cuan largo era. Dejándose caer en esta forma, la cabeza, que tenía el firme propósito de mantener enérgicamente erguida, saldría probablemente sin daño ninguno. La espalda parecía tener resistencia bastante: nada le pasaría al dar con ella en la alfombra”.

No debe existir seguramente en la literatura un pasaje tan elocuente que deje entrever la urdimbre del poder del empleador y la internalización del control y el deber más que en esta contraposición que obvia lo extraordinario para cumplir con lo cotidiano de una manera urgente.

Kafka ha recurrido en otras ocasiones a resaltar la rutina del poder/deber que presenta tal entidad que deja en un cono de sombra las situaciones verdaderamente excepcionales que viven sus personajes.

Así en “El Proceso”, Josef K. al despertar se encuentra con que dos funcionarios han venido a arrestarle por razones ignotas  que no están autorizados a poner en su conocimiento.  Uno de ellos ha penetrado en su dormitorio, y el otro permanecía en  una habitación contigua, “sentado junto a la ventana abierta, leyendo un libro, del que ahora apartó la mirada”. Sin embargo, a Josef K. solo le llama la atención el hecho que la Sra Grubach, la cocinera, no le hubiera alcanzado el desayuno a las ocho:

“¡Esto sí es raro! Exclamó K, saltando de la cama y poniéndose rápidamente los pantalones. Debo ver que clase de gente son estas que están en la habitación de al lado y que explicación me da la Sra Grubach sobre semejante proceder”.

Lo extraño invade la cotidianeidad de los personajes de Kafka, pero estos parecen ocuparse solamente de la reconstitución de “la realidad” y del cumplimiento de los deberes y el acatamiento a las diversas formas de poder (del empleador, en el caso de Gregorio Samsa).

Los personajes de Kafka conciben la existencia de una  normativa legítima (concurrir en hora al trabajo, recibir una prestación – el desayuno) pero soslayan la alteración de la rutina por circunstancias extraordinarias que se sitúan fuera de su control y más aún, en el plano de la legitimidad, ignoran que si una norma ha sido incumplida, ésta es la que protege  la intimidad de Gregorio y el Sr. K.

Como en “El Proceso”, la personificación del poder se hace presente en el hogar de Gregorio, y la interferencia del jefe provoca reacciones dispares en la familia, que van de la sumisión al temor, pero siempre desestimando cualquier sospecha de intromisión en la vida privada de las personas:

“A Gregorio le bastó oír la primera palabra pronunciada por el visitante para percatarse de quien era. Era el principal en persona. ¿Por qué estaría Gregorio condenado a trabajar en una casa en la cual la más mínima ausencia despertaba inmediatamente las más trágicas sospechas? ¿Es que los empleados, todos en general y cada uno en particular, no eran sino unos pillos”.

El padre de Gregorio intercede y pide a su hijo que reciba al principal en el dormitorio, lo cual supone el mayor quebrantamiento del derecho a la intimidad que pueda imaginarse, pero los personajes de Kafka obvian todo extrañamiento para dar apariencia de normalidad a lo que es arbitrario y extravagante:

Dice el padre:

“Gregorio ha venido el señor principal y pregunta porqué no te marchaste en el primer tren. No sabemos lo que debemos contestarle. Además, desea hablar personalmente contigo. Con que haz el favor de abrir la puerta”

Y remata el párrafo con este apunte esencial en boca del padre:

“El señor principal tendrá la bondad de disculpar el desorden del cuarto”.

Gregorio se exalta, no por encontrar que la propuesta del padre es inaceptable, sino por querer cumplir con la orden de retomar el trabajo:

“Señor principal – gritó Gregorio fuera de sí, olvidándose en su excitación  de todo lo demás – Voy inmediatamente, voy al momento. Una ligera indisposición, un desvanecimiento, me ha impedido levantarme. Estoy todavía acostado. Pero ya me siento completamente despejado. Ahora mismo me levanto. ¡Un momento de paciencia!  Aún no me encuentro tan bien como creía. Pero ya estoy mejor. No se comprende como le pueden suceder a uno estas cosas. Ayer de tarde estaba yo tan bien”.

La locución de Gregorio no se entiende: se confunde en una serie de chillidos. El jefe se muestra inflexible: “¿no será que se hace el loco?”.

Cuando finalmente se abre la puerta del cuarto y aparece la figura animal de Gregorio, se produce una crisis nerviosa de su madre y el principal se precipita hacia la escalera con un rictus de asco en el rostro. Gregorio le persigue para explicarle la situación y darle seguridades de su intención de concurrir al trabajo.

Las patitas, apoyadas en el suelo, le obedecían perfectamente, y “lo notó con natural alegría y vio que se esforzaban en llevarle allí donde él deseaba ir, dándole la sensación de haber llegado al cabo de su sufrimiento”. Concomitantemente, “comprendió que no debía de ningún modo dejar marchar al principal en ese estado de ánimo, pues si no su puesto en el almacén estaba seriamente amenazado”.

En Kafka el poder del empleador penetra todos los intersticios de la vida privada y prevalece sobre cualquier otra consideración de la realidad de Gregorio, aún cuando se trate de una conversión absurda e irreal en un insecto. El personaje, un insecto, no renuncia al deber y  siente en su recinto más privado la presencia de la autoridad del patrón que es percibida como un hecho natural dentro de las condiciones en que se desarrolla la acción.

En este punto, la conversión en insecto del trabajador  puede verse (en una interpretación arriesgada y quizá improcedente) como una metáfora de la deshumanización e indignidad inducida por el abuso y la exorbitancia del poder del empleador.

 
El Escribiente de Melville: la pérdida de sentido del poder

Herman Melville nació y murió en Nueva York (1819 – 1891). Publicó Bartleby, el escribiente, como parte de un volumen aparecido en 1856, aunque se dice que había visto ya la luz de forma anónima en 1853. Su obra principal es Moby Dick, pero con Bartleby resulta más experimental y preanuncia el absurdo que influirá en Kafka, quien a su vez, al decir de J.L. Borges arrojará una “luz ulterior sobre la obra de Melville”. En un prólogo a Bartleby, el mismo Borges dirá que el “idioma tranquilo y hasta jocoso” del cuento es aplicado a “una materia atroz” pareciendo de esa manera prefigurar a Franz Kafka.

La anécdota es sencilla,  y en su inicio  el narrador, en primera persona, se presenta como responsable de un despacho de abogado:

“Soy un hombre más bien mayor. La naturaleza de mis actividades en los últimos treinta años me ha puesto en contacto más que ordinario con lo que parecería ser un interesante y algo singular círculo de hombres, de quienes, hasta ahora, nada que yo sepa se ha escrito jamás; me refiero a los copistas jurídicos o escribientes”.

De inmediato el narrador renuncia a todas las biografías que pudieran hacerse sobre los escribientes a cambio de algunos pasajes de la vida de Bartleby, el “mas extraño que yo haya visto o del que haya oído hablar” y el hecho que exista tan poco material para una bibliografía plena y satisfactoria “es una pérdida irreparable para la literatura”.

Este guiño a la literatura dentro de la literatura da paso a una descripción del entorno de trabajo mediante unos trazos breves del personal que trabaja en el estudio. Todos los empleados presentan  alguna particularidad, pero nada hace sospechar lo extraordinario que está por pasar.

La aparición de Bartleby en escena es en respuesta a un aviso puesto por el abogado y se presenta “pálido, pulcro, lastimosamente respetable” y “tras unas pocas palabras en lo tocante a sus aptitudes” es contratado, ubicándosele en un escritorio contiguo al abogado-jefe, separado por unas puertas libro de vidrio esmerilado del resto de los copitas del estudio jurídico.

En el apacible ambiente laboral irrumpe lo extraño del comportamiento de Bartleby que terminará alterando el orden cotidiano. Melville lo describe de esta manera:

“fue al tercer día, pienso, de que estaba él conmigo, y antes que surgiera alguna necesidad de examinar sus escritos, que, urgido por completar un trabajito que tenía entre manos, llamé abruptamente a Bartleby. En la prisa y la natural expectativa de un acatamiento inmediato, me hallaba sentado con la cabeza inclinada sobre el original apoyado en el escritorio y la mano derecha al costado, algo nerviosamente extendida con la copia, de modo que, al instante de surgir de su retiro, Bartleby pudiera agarrarla y ponerse a trabajar sin la más mínima demora.

En esa mismísima actitud me hallaba sentado cuando lo llamé, indicándole rápido lo que se requería que hiciera, esto es, examinar conmigo un papelito. Imaginen mi sorpresa, más aún, mi consternación, cuando, sin moverse de su lugar privado, Bartleby, con una voz singularmente mansa y firme, contestó: “preferiría no hacerlo”. Me quedé un rato en perfecto silencio, recobrando mis aturdidas facultades (…) repetí mi petición en el tono más claro que pude adoptar, pero con uno igual de claro llegó la contestación anterior: “preferiría no hacerlo.

-       Preferiría no hacerlo – repetí como un eco, levantándome con gran excitación y cruzando la sala a zancadas - ¿Qué quiere decir con esto? ¿Es lunático usted?: quiero que me ayude a confrontar esta hoja, tómela – y se la tendí hacia él.

-       Preferiría no hacerlo, dijo”.

La fórmula lingüística es enigmática, ya que no comporta afirmación ni negación alguna; no hay una elección de por medio: “preferir” no es optar ni es asignar un sentido a algo, por lo cual Bartleby se sitúa por fuera del ambiente de trabajo y del ambiente social por extensión, haciendo imposible todo intercambio e interacción.

Si Gregorio Samsa despertará convertido en un insecto, Bartleby más bien parece transmutarse en un objeto más de la oficina del jurista: la cosificación obedece a una forma de ver, a una mirada con la cual Melville observa la realidad.

Lo inofensivo de Bartleby contrasta con su indeclinable decisión de ponerse al margen del proceso de trabajo mediante una economía comunicacional tan lacónica como inexpresiva: “preferiría no hacerlo”. A diferencia de Akaky y sobretodo de Gregorio Samsa, no tenemos la versión propia de Bartleby sobre sus juicios acerca de las relaciones humanas, el trabajo o las peripecias que debe transitar.

El poder de dirección del empleador parece no rozarle, y en este caso lo que aparece en evidencia es la perplejidad que provoca en la autoridad el tipo de “resistencia pasiva” que emplea Bartelby.

El problema para la autoridad es que Bartleby no es un revolucionario ni un agitador social ni un rebelde, situaciones todas en las cuales la autoridad del empleador encuentra una resistencia esperable y respecto de la cual existe una cultura y unos modos de contraponerse. El mismo jefe confiesa que si la respuesta no se diera con esta especie de serenidad respetuosa que emplea Bartleby, lo hubiera despedido de inmediato.

Bartleby con su fórmula  rompe con los comportamientos esperables, ya que una orden del empleador admite solo posiciones binarias: puede ser acatada o desconocida, y en este caso las consecuencias ulteriores son previsibles. Sin embargo, Bartleby clausura toda comunicación aún la del conflicto y la confrontación, y con ello rompe con un elemento central de la diferencia en el marco de las relaciones laborales: no reconoce a su contraparte.

En este sentido, lo extraño, lo raro, surge no de la desobediencia (individual o colectiva) del trabajador a una orden dictada por el empleador, sino de un punto de vista mucho más radical a tal grado de situarse por fuera de toda pertenencia al  mundo del trabajo. La preferencia por no hacer lo que le mandan es la negación del reconocimiento de la contraparte como elemento básico de la representación de los intereses en juego en el mundo del trabajo.

La ausencia de significados  en la conducta de Bartleby quiebra la cadena de sentidos en la relación de subordinación: no está previsto que alguien deje de afirmar o negar, deje de comunicarse y de esa manera debilite el poder del empleador, que hubiere esperado un comportamiento más definido de parte del trabajador, y en ese sentido sería preferible la simple resistencia o negación a cumplir que la mera dicción de una preferencia.

El poder no puede  operar sobre la falta de sentido; queda sin el sustento dialéctico – pero sustento al fin – que significa la resistencia del trabajador a las órdenes impartidas.

Como en la dialéctica del amo y del esclavo, el amo depende del esclavo para revivificar su poder; la pérdida de sentido del ejercicio del poder lo deja como suspendido en el espacio, sin una materialidad sobre la cual aplicarse.

 



[1] J.L. Borges plantea sin embargo que Max Brod acató la voluntad secreta del muerto: “si éste hubiera  querido  destruir su obra, lo habría hecho personalmente; encargó a otros que lo hicieran para desligarse de una responsabilidad, no para que ejecutaran su orden”. Agrega que “Kafka hubiera querido escribir una obra venturosa y serena, no la uniforme serie de pesadillas que su sinceridad le dictó”.  Ver Prólogos con un Prólogo de Prólogos. Biblioteca Borges. Alianza Editorial, 2002